Las lecciones de Bob Esponja sobre redes sociales empresariales

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Bob Esponja, Patricio, Calamardo, Ardillita y el Sr. CangrejoSí, has leído bien. Y no, nos hemos vuelto locos. Si tienes hijos o estás en contacto con niños, ya te habrás dado cuenta de que Bob Esponja tiene mucho que enseñar. Y también sobre redes sociales internas. En este artículo te explico por qué.

Adora tu trabajo… O elige a alguien que lo ame

¿Has visto a Bob Esponja dando saltos en la cama porque acaba de sonar el despertador y ya se puede ir a freír hamburguesas al “Crustáceo Crujiente”? ¿Le has observado amarrado a su espátula, con una sonrisa de oreja a oreja y diciendo “Estoy listo, estoy listo (para ir a trabajar)”? Fuera del mundo animado ninguno de nosotros llegaríamos a estos extremos (yo desde luego que no), pero uno de los secretos más importantes para que una red social corporativa funcione es que pongas al frente del proyecto a verdaderos entusiastas de la idea.

Es un camino nuevo, lleno de obstáculos y dificultades. Necesitas a personas que estén dispuestas a seguir adelante aunque no se lo pongan fácil. Importa más esa actitud que un profundo conocimiento de una herramienta en particular. Y, desde luego, endosárselo al primero que pase por allí es garantía de fracaso.

Ignora a los “Calamardos”

Hay una clasificación muy sencilla sobre los usuarios de redes sociales empresariales y el grado de madurez de una red: los puntos verdes (entusiastas convencidos), los puntos amarillos (tienen sus dudas, pero pueden llegar a usar la herramienta y a participar si se les llega a convencer) y los puntos rojos (no quieren utilizar una red social interna de ninguna manera y, si lo hacen, es solo cuando se sienten obligados).

El error de todos los novatos es tratar de convencer a los puntos rojos: personas escépticas, desencantadas, frustradas, reacias o muy críticas. Los “Calamardo” que andan por la vida.

Y la recomendación es ignorarlos. Si tratas de convencer a todo el mundo de las bondades y beneficios de una red social empresarial y de vencer todos los puntos de crítica o las suspicacias, terminarás agotado. Es mucho más recomendable, contra toda lógica, que centres tus esfuerzos en los “puntos verdes”. Sus éxitos atraerán a los que no se animan a dar el salto (los “puntos amarillos”). Los “puntos rojos” se terminarán quedando en minoría. Y si siguen sin participar, tampoco pasa nada: no todo el mundo tiene por qué estar en la red social empresarial.

Investiga e innova a lo “Ardillita”

Reconozcámoslo… Ardillita es fuerte, inteligente y osada. Le encanta la ciencia e inventar cosas, pero no todos los experimentos le salen bien. No importa. Vuelve a intentarlo una y otra vez. Hasta que le sale.

Las redes sociales internas ya tienen su pequeño bagaje, pero siguen siendo algo bastante nuevo. Hay experiencias, pero tampoco tantas como para cubrir todas las posibles casuísticas y circunstancias que puedan darse en una compañía. Busca formas de trasladar tus procesos, la forma única y particular de trabajar de tu empresa. Seguramente descubrirás algo que terminará por sentar cátedra para otras organizaciones en tu misma situación. Si no te sale a la primera, prueba otra vez.

Invierte: Convence al Sr. Cangrejo

Es fácil encontrarse al Sr. Cangrejo rebuscando en un contenedor, aunque tenga mucho dinero. Es un tacaño profesional. Y, sobre todo, en la actual situación, le costará más de la cuenta rascarse el bolsillo.
No te engañes. Por muy gratuita que sea la herramienta que te ofrezcan al principio, implantar y gestionar una red social corporativa requiere cierta inversión, bien sea en dinero o en dedicación de parte de la plantilla. Si subestimas esta realidad es posible que el proyecto no salga adelante por falta de recursos o dedicación.
Algunos argumentos que te pueden ayudar a ganar la batalla del dinero:

Forma, pero no dejes la autoescuela siempre abierta

¿Has visto a Bob Esponja con la Sra. Puff? Lleva años en la autoescuela, pero jamás se sacará el carné. Bob Esponja ha quedado atrapado en el rol del eterno alumno. Por mucho que vaya a clase, nunca sabe lo suficiente como para volar (en este caso conducir) solo.

No me malinterpretes: la formación es esencial. Los usuarios de una comunidad interna tienen que saber por qué y para qué se instaura, qué se espera de ellos, cómo se usa la solución en particular. Pero he visto a muchas personas a las que hay que dar una y otra vez cursos de formación. Que salen de ellos con muchos conocimientos. Luego son atrapados por su día a día y se encuentran con que, la siguiente vez que van a entrar en la red, ya no se acuerdan de nada. Mi recomendación: forma, pero solo inmediatamente antes de que se vaya a lanzar un proyecto y cuando el usuario vaya a salir del curso presencial u online para lanzarse directamente a la piscina.

Aplica el método Patricio: diviértete y haz que los demás se diviertan

No importa que les ataquen las medusas o un barco de piratas fantasmas: Bob Esponja y su amigo Patricio se lo pasan bien siempre. Y en eso radica casi todo su encanto. Esa actitud tiene todavía más importancia en una red social empresarial: huye del mensaje frío, medido, calculado, corporativo y formal. Si creas un grupo, elige una imagen desenfadada. Busca un nombre que le dé un cierto toque de humor. Si eliges el mismo tono de comunicación de siempre, la gente no verá ninguna diferencia con una intranet tradicional.

Implantar una red social interna con éxito requiere una forma de trabajar enteramente nueva. Cambiar es difícil y siempre cuesta. En muchos casos produce pereza. ¿Por qué no proponer dinámicas de gamificación que lo hagan más ameno y llevadero?

 

Infografía: lecciones de Bob Esponja sobre redes sociales corporativas

 

 

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