Cómo la cultura colaborativa contribuye al éxito profesional

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Cultura colaborativaUna de las respuestas con las que me encuentro a menudo cuando trato de explicar los beneficios de la cultura colaborativa y de las redes sociales empresariales es que la información es poder. Se trata de una idea muy arraigada, que se basa en la siguiente premisa: Saber algo que los demás desconocen me protege en un entorno volátil, en el que las entradas y –sobre todo- las salidas de las empresas están a la orden del día. Ser el único experto o conocedor de algo me da una notable ventaja competitiva sobre mis compañeros, entendidos en este contexto como supuestos rivales ante un posible ascenso.

Por eso me ha encantado encontrarme el blog de Jesús Martínez Marín “Cultura Colaborativa”. En dos de sus últimos posts responde a una de las preguntas del millón de los usuarios de redes sociales internas: ¿Qué gano yo al compartir? ¿Por qué perder mi precioso tiempo en resolver problemas de otros, en responder a preguntas que no me tocan directamente o en contribuir a proyectos colectivos, que no me sirven directamente para colgarme una medalla?

Las claves del éxito profesional

Martínez Marín basa en gran parte sus reflexiones en el libro de A. Grant ‘Dar y recibir. Por qué ayudar a los demás conduce al éxito’. El autor de este texto asegura que los profesionales exitosos tienen cuatro elementos en común: trabajo, talento y suerte. El cuarto factor que determina si una carrera profesional va a seguir una senda ascendente o a convertirse en un rotundo fracaso es la forma en la que nos relacionamos con los demás.

Psicología de la colaboración y cultura colaborativa

Según Grant, las personas tienen tres formas esenciales de comportarse con los demás:

  • Los receptores: Son los egoístas clásicos y sólo esperan recibir. Los trepas que conocemos en todas las empresas. Nunca hacen nada sin obtener algo a cambio. Si realizan actos supuestamente generosos es porque han calculado que obtendrán un beneficio por ello. Se trata de los defensores a ultranza del paradigma de la escasez, tal y como recoge Carmen Fernández en su blog. En el mundo los recursos son escasos. Hay que andarse con ojo para no quedarse sin nada. Si no compites, pierdes.
  • Los donantes. Este grupo es el usuario natural de las redes sociales empresariales y otras herramientas colaborativas. Comparten generosamente lo que saben y ayudan siempre que pueden a otros, esté o no directamente relacionado con su trabajo. El premio que obtienen es la satisfacción personal y se consideran pagados si el beneficio que generan para los demás supera al esfuerzo que ellos invierten. Estas personas creen firmemente en el paradigma de la abundancia: en el mundo hay recursos para que todos vivamos y estemos bien.
  • Los equilibradores. Se trataría del grueso de usuarios, que no están ni en uno ni en otro extremo. Son los que tratan de encontrar un balance estable entre lo que dan y lo que reciben. El clásico quid pro quo.

El patrón del éxito

La mayoría de nosotros creemos que será el trepa egoísta el que llegue a lo más alto en su carrera profesional. Aunque es verdad en muchos casos, Grant asegura que eso no es así la mayor parte de las veces, aunque matiza que es posible encontrar triunfadores dentro de las tres categorías. Pero el autor defiende que la mayoría de los que se sitúan en lo más alto del escalafón profesional son los donantes.
¿Todos los donantes? No, en opinión de Grant, quien los divide en dos categorías:

  • Los que ejercen el altruismo y siempre se sacrifican por los demás. Es lo que él llama “bobalicones” y que generalmente conocemos como “pringados”, “pagafantas” y con otros términos peyorativos.
  • Los que practican el otrismo, lo que llama “donantes inteligentes”, es decir, el que se preocupa por los demás pero también por sí mismo. Mira por otros, sin olvidarse de sí. Evolutivamente tiene todas las papeletas para garantizar su supervivencia: Vela por sus intereses a la vez que cuenta con una amplia red de personas que también miran por él. Es el amo de la manada.

Comportamiento de los donantes inteligentes

Entonces, ¿qué distingue la forma de actuar de estos “otristas” o donantes inteligentes?

  1. Practican un tipo de networking que moviliza a contactos lejanos cuando es necesario gracias al prestigio que se han ganado como personas desinteresadas. El autor denomina estas relaciones más distantes “vínculos durmientes” y “vínculos débiles”, potenciados gracias al efecto dominó. En cualquier caso, preferibles a los numerosos contactos que logran los receptores en su permanente afán de autobombo.
  2. Crean dinámicas de colaboración genuinas. Saben que tienen que buscar aliados, ganancias y establecer formas de reconocimiento que aporten visibilidad y beneficios a quienes les ayudan.
  3. Reconocen, aceptan y potencian el talento de otros. Son el coach y el líder por excelencia que busca desarrollar el potencial de otros en beneficio de todos.
  4. Ejercen influencia frente a las fórmulas de dominio o poder. Más que imponer su punto de vista, expresan dudas y piden consejo. Buscan el prestigio más que la autoridad.

Infografía: Cultura colaborativa y éxito profesional

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